domingo, 20 de junio de 2010

MARCO ALBERTO


Por Ceferino Pardo

Para hacer esta entrevista me encontré 3 veces con Marco Alberto. En el primer encuentro charlamos más de 2 horas sin grabar un solo minuto de nuestra conversación. Fue un primer contacto de conocimiento mutuo, que me sirvió para adentrarme un poco en el mundo de este músico tresarroyense que navega en su idílico y complejo Mar de Dirac, banda-proyecto que le saca el sueño.
Marco Alberto es como un laberinto borgeano; claramente oscuro, atrapante, abrumador. Un obsesivo que canaliza su obsesión en la música, su arte. Un creativo que queda, muchas veces, atrapado en sus propias redes de la perfección. Como una araña de muchas patas, su mente trabaja paralelamente en varias ideas a la vez mientras charla.
Marco, más allá de ser el fundador/líder de Mar de Dirac, es también el cantante invitado en vivo de Arkham7, banda de rock de Claromecó. Además da clases particulares de música y en colegios, y sigue estudiando en el conservatorio. Es padre, marido y amigo de sus amigos, y cuando se pone a hacer algo lo hace bien, no tiene medias tintas.
La segunda vez que me encontré con él, ya prendí el grabador. Diego Buzzi estaba de testigo (bajista de Malas Capas y de Mar de Dirac). Después tuve otra charla más, una tercera que pensé que sería la última. Pero no, con Marco Alberto nunca es suficiente. Hoy estoy terminando de transcribir esta entrevista y ya tengo ganas de llamarlo para reunirme nuevamente a charlar con él.


¿Quién es Marco Alberto?
 
Si lo supiera no estaría yendo a psicóloga (risas). Es difícil. No se quién es Marco Alberto. La verdad no lo se. Estoy en la búsqueda. Mar de Dirac es la búsqueda de Marco Alberto.
 
¿Y qué es Mar de Dirac?
 
Para mí, mi vida. Segundo un proyecto musical, que fue mutando. Ahora es Mar de Dirac, pero antes fue otras cosas. Es una búsqueda, una búsqueda larguísima de pasar del rock a otro lado, de conocer nuevas cosas, de estudiar, y de tener la idea en la cabeza y lograr hacerla música. Y recién ahora estoy logrando acercarme a la búsqueda final.
 
Mar de Dirac es una banda “mutante” fundamentada en la existencia de Marco Alberto. No hay Mar de Dirac sin Marco. El estilo musical de la banda es complejo: una mezcla de Frank Zappa con Mars Volta y pinceladas de Pink Floyd y Radiohead -¿será mucho?-. Hoy, o ayer (bien no sé ya que muta constantemente) está formada por Marco Alberto en guitarra y voz, Simón de la Pena en guitarra, Sebastián “Morgan” Morán en teclados/sintetizadores/ruidos extraños, Diego Buzzi en bajo y Diego González en batería. Con esta formación aún no se presentaron en vivo.


 
¿Cuál es tu búsqueda en Mar de Dirac?
 
Primero expresión, catarsis. Después lograr el concepto. Últimamente estoy obsesionado con eso, con los conceptos. Lograr todo un concepto que abarque la música, las letras, la iluminación, la ambientación, que sea todo un concepto en sí. Y que la gente viaje con ese concepto y que eso acompañe a modificar sensaciones en tu cuerpo. Una droga de sonido, básicamente eso.
 
¿Y de qué color es Mar de Dirac?
 
Negro. Mar de Dirac es oscuro. Lo negro es vacío, vacío es muerte y Mar de Dirac tiene mucho de la muerte.
 
El negro es triste…
 
Bueno, eso es una discusión que tengo desde hace mucho tiempo. Con Ludmila -su mujer- inclusive, porque para mí lo que todo el mundo... Se le cruza un pensamiento más poderoso que el que venía hilando. Me han dicho por ahí que Mar de Dirac es oscuro, por más que estemos tocando algo rápido, que sigue siendo oscuro. Al principio yo no lo veía así, por ahí ahora no se si es que me di cuenta o es que me cansé de renegar con eso y digo listo, es oscuro (risas), pero creo que la oscuridad te permite la luz, no se si por ahí con esto me logro explicar. Sí, se entiende. Marco Alberto es complejamente simple.
La acepción de oscuridad que tengo para Mar de Dirac es la oscuridad del ser. Indago en eso. Yo no voy a escribir nunca un tema sobre “qué linda mañana” o “qué linda chica pasó por acá”. ¡Olvidate, no pasa por ahí! Estoy muy marcado por las obsesiones, la muerte, los vicios, los dolores. Eso es lo que me genera el arte, por eso necesito al arte. Aldous Huxley tiene un libro, La Isla, que me flasheó la cabeza. En La Isla se logra el lugar de la sociedad idílica en la cual todo es perfecto, no hay artistas. Porque si no hay dolor no hay arte.
 
Esperá un segundo. ¿Para vos no existe el arte desde la alegría?
 
No.
 
Bueno, pero por ejemplo Fito Paez cuando sacó “El Amor Después del amor” dijo que era el primer disco que componía desde la alegría, desde el amor.
 
Porque uno no compone cuando está triste, digamos. “Adiós Nonino” no lo compuso Piazzolla cuando se enteró de la muerte de su padre. Primero tuvo un período de sufrimiento, y cuando se recuperó la compuso, con ese sufrimiento. Cuando Fito escribe “El Amor Después del Amor” antes había sufrido mucho de amor y sabe que puede seguir con otra cosa, pero necesita de ese sufrimiento.
Si vos estás extasiado, imaginate una situación en la que vos estés extasiado, feliz, que no tengas recuerdo de sufrimiento alguno en tu vida, bueno ahí es donde yo digo que no va a haber arte. En ese sentido. A veces me pasa de escribir cuando estoy mal, pero generalmente no es así. Al último tema que estamos viendo con la banda ya le arranqué la letra, y yo ahora estoy bien, pero vengo de estar mal. Todo eso pasó por mi cuerpo y ahora está acá (se señala la cabeza). El primer verso que escribí, y ayer lo hablaba con mi mujer y le dije: no sé qué escribí. “Al ocaso vestigios de un rumor alimentan un débil fulgor”. Me pongo a analizarlo después. “Al ocaso” se refiere al personaje, significa no al ocaso exterior sino al interior. “El vestigio de un rumor” significa que está recordando un recuerdo. Porque rumor ya no es la palabra, es lo que quedó de la palabra, y no está recordando algo que dijiste sino algo que te parece que dijiste. Y estoy recordando que me parece que antes recordaba, digamos, esa pérdida. Y vengo recordando mucho con la muerte de mi vieja que influyó mucho en eso. Recordando que estaba peleado, ¿realmente estaba peleado? ¿En realidad no me hablé durante los días antes a que muera o estaba peleado pero me hablé antes de que muera? Porque ya no sabés cómo fueron las cosas, ya pasaron 2 años, y empezás como a flashear mucho con eso. Y “alimenta” es lo que te mantiene con vida, “ese fulgor” ese resplandor interno, que seguís vivo a pesar de eso. Entonces, algo que para mí no tenía sentido cuando lo escribí, lo empecé a analizar, a ver mi vida, estos últimos tiempos y dije: Epa, todo esto está atrás de eso. Hoy no estoy en el sufrimiento, pero lo pasé. Eso en un momento empieza a florecer en sueños, en palabras, en un montón de cuestiones y esa es la cuestión del lado. Eso es de lo que venía de decir. Lo demás me parece diversión, que no digo que esté mal, para nada. Es parte de nuestra vida. Digamos hacer un tema y decir: “esta noche tengo una fiesta y vamos a bailar”, lo que fuera…
 
Anoche hubo fiesta en el club del blues local…
 
Claro, Pappo. Me encanta Pappo. En serio, me encanta Pappo, pero ese es un tema, para mí, comercial. “Desconfío de la Vida” es un tema artístico. Pero “Blues Local” es un tema comercial, está bien hecho, copado, y comercial no en el sentido denigrante de la palabra sino en el sentido que está hecho para divertirse, nada más. Pappo y sus letras comerciales y no, lo llevan a su propio mundo letrístico nuevamente. El tema de las letras igual a veces es muy complejo. Porque por ahí una letra que para mí significa mucho, la lee otro y no le dice nada, ¿entendés?


¿Te importa que tus letras se entiendan?

Honestamente, no. Nunca me importó. En una charla que tuvimos con Sebastián Carrera, de La Mantis, hablamos sobre esto. Y él me decía que componía pensando en lo que le gustaba a la gente. Yo le decía que me encantaría poder hacerlo, porque es algo que me gustaría como compositor que venga un flaco y me diga “me gustaría una cumbia que hable de esto” y yo sentarme y componer una buena cumbia que hable de eso. Me encantaría, pero no, no puedo. Cuando uno compone desde otro lado, desde una necesidad propia, desde una búsqueda, es distinto. Lo que sí necesito es la identificación de algunos con mis letras, no de todos.

Pero entonces te interesa que entiendan tus letras, que las interpreten...
 
No, ahí esta la diferencia que yo marco: identificación, no interpretación. Yo puedo estar hablando de la muerte de mi vieja y vos podes estar interpretando lo que sea, no me importa. A mí eso me transporta a un lugar de dolor y es una forma de salir de ese lugar de dolor. Una forma de poder decirle a mi vieja lo que no le pude decir. ¿A vos te transportó a un lugar, te llevó a un recuerdo tuyo, te movió? Listo, ya está. No me interesa que vengan a analizar la letra y me digan: “vos acá quisiste decir…” No, no me interesa que entiendan mi intención.
 
Vos en Mar de Dirac, con todos tus conocimientos musicales académicos, a la hora de componer ¿le prestas más atención a la parte teórica o te dejás llevar por los sentimientos?
 
Sentimientos. Mar de Dirac funciona así. El disparador es sentimiento puro, y últimamente estoy tratando de ir hacia un poco lo subconsciente con lo difícil que es eso. Sale el verso, llego hasta ahí. Cuando estoy tratando de racionalizarlo paro. Ese momento es sentimiento puro, es inspiración y no te dura un tema de 20 minutos, te dura la idea. Y esta es una postura artística. El arte para mí se refiere a eso. La inspiración dura 30 segundos, ¿un minuto? Sos un privilegiado. Inspiración pura, real, cuando brotan de vos, sin aparente racionalización, cosas increíbles. Después todo eso tenés que laburarlo. Y ahí es donde empiezan a jugar los conocimientos. Lo que te permite con una idea de 4 versos hacer una canción. Ahí es donde a mí me ayuda el conocimiento que tengo: bueno hasta acá puedo llegar con cierta inspiración, ahora a laburar. Los conocimientos teóricos son una herramienta para que el material no te domine a vos, nada más. Sino estás preso, siempre vas a caer en los mismos acordes que escuchaste durante toda tu vida y obviamente no podés romperlo a eso, sos preso del material. La teoría te sirve para que cuando viene la inspiración después puedas vos dominar ese material y no el material a vos, nada más. No es que te vas a ser mejor artista ni nada. Es eso.

Tu personalidad obsesiva ¿te afecta de forma negativa o positiva con el proyecto Mar de Dirac?
 
Ojalá llegue a ser positiva. Lo que pasa es que las obsesiones mías durante mucho tiempo me han jugado en contra, y es algo que tengo que revertir. Personalmente mis obsesiones no son solamente con esto, sino que soy obsesivo con todo, y eso se traslada a la banda. El problema es que durante mucho tiempo, y ahora recién con ellos (la doble D – Diego Buzzi y Diego González) logré romper un poco con eso, me fui obsesionando con otras cosas y mi deseo era obsesionarme, con ese grado de obsesión que tuve antes, con este proyecto. De estar todo el día pensando en esto, de estar laburando y anotar al costado de la hoja una idea, ese grado de obsesión me encanta porque para mí es productivo aunque por ahí es un poco insano, según los psicólogos (risas), pero es productivo. El problema es que hubo un momento en el que fui perdiendo músicos y tuve desilusiones grandes en cuanto a gente que estaba acompañándome, y lograron que yo empiece a derivar esas obsesiones que tenía por la banda a obsesiones por el laburo, por esto, por lo otro. Y ahora recién está volviendo un poco esa obsesión por el proyecto.

Diego Buzzi (bajista de Malas Capas y Mar de Dirac, y estudiante de psicología), hasta acá en silencio entra en la charla: Marco canaliza sus tendencias obsesivas a través de la música. En vez de lavarse las manos 30 veces por día, puede desplegar toda esa obsesión en el arte, y su vida se hace un poco menos obsesiva.
Marco se sorprende. Se ve identificado en lo que dice Diego: ¡Ahí está!, cuando dejé de obsesionarme tanto con mi música, empecé con todas esas cosas, lavar el mate 20 veces, obsesionarme con tener todo controlado, y esas cosas.
Y Diego vuelve, ya mezclando al músico y al estudiante de psicología: En general todo este tipo de música, como la que hace Marco, es música con un altísimo grado de detalle y prolijidad a la vez, y en ese sentido es música para personalidades obsesivas.

 
Viernes, el mismo día pero una semana después. Esta vez mano a mano con Marco en su estudio/salón de clases de música. Un altillo que da a la calle y que esconde muchas anécdotas y vivencias. En la habitación hay un piano, el amplificador y una guitarra. Una computadora, papeles, carpetas, libros, discos y películas. Marco me cuenta que su guarida antiguamente había sido el estudio de fotografía de su padre. Ahora él es el dueño de ese lugar inspirador.

¿Dónde te sentís más cómodo, arriba de un escenario o componiendo?
 
Cuando yo empecé con la música no quería tocar en vivo. Para mí la música era componer y juntarme acá en esta pieza con Sebastián (Ramirez), que era mi compañero musical, y estar acá 6, 7, 8, 10 horas metidos, y una y otra vez el mismo tema. Y los temas de 25 minutos con la misma frecuencia de 2 acordes y dale que va. Eso era para mí el disfrute y así fue que perdí muchos músicos que después de un tiempo me decían: “Si, está todo bien, pero eso de estar tocando todo el tiempo y no tocar en vivo…” Para mí incomprensible en ese momento lo que me decían, hasta que toqué en vivo. Cuando toqué en vivo dije: Puta que lo parió, ¡mira lo que es esto, pero qué lindo! Por eso a mí me sirvió mucho tocar en vivo con los chicos de Claromecó, Arkham7, que en definitiva ese era el objetivo de tocar con ellos, hacerlo en vivo.
Hoy por hoy necesito tocar en vivo porque no lo tengo. Eso es una realidad porque la composición la sigo teniendo. Hoy es como que me gustaría estar componiendo 4 días a la semana y tocando 3 en vivo. O estar como estabámos el otro día con Diego Buzzi que vino a grabar y componer, -porque cada vez que grabás vas arreglando temas y es parte de la composición-, y vino a las 6 de la tarde y se fue a las 12 de la noche y de ahí si hubiésemos tenido que ir a tocar en vivo me muero, ¡es lo que más quiero!

¿Cómo sos como espectador de los recitales de rock?

Hasta el año en que me pasó lo de los oídos (zumbido constante por exceso de volumen), que fue justo a un mes de que tocara La Renga acá, y que yo no pude ir, iba a todos los recitales que me enteraba, de lo que sea: bossa nova, jazz, heavy, trash, rock, punk, bueno, lo que sea, pero más que nada ¿sabés por qué iba? porque yo decía: es una banda de acá, yo soy músico, ellos son músicos, voy, estoy, y después saco conclusiones. Capaz que si me parecía una cagada la próxima vez no iba, pero por lo menos una vez los iba a ver, a conocer. Si me gustaba medio pelo y bueno, iba a volver igual aunque me gustase medio pelo, y si me gustaba mucho iba a ir siempre.

Ya que te fumaste a tantas bandas de acá, ahora viajá un poco en el tiempo y en el espacio para ver un recital y date el gusto. ¿Qué irías a ver?

Te digo mi primer pensamiento cuando me dijiste eso: Zeppelín. Lejos. Y si me pongo a pensar ya empiezo a dudar. Pero no, porque lo primero que se me vino a la cabeza cuando dijiste recital tiempo-espacio fue Led Zeppelin.

Aprovechemos el delirio, ¿qué disco te llevás si te vas a un largo y único viaje sin vuelta?

¿Qué disco me llevo? No, no podría llevarme uno. Hoy por hoy si me tengo que llevar algo me llevo The Mars Volta. Sí, me llevo “Amputechture”, calculo que ese. “Usa tu Ilusión” de Gun’s, qué se yo, fue un disco que me acompañó mucho. El “Disco Negro” de Metallica, alguno de The Doors, ¿cómo voy a dejar a fuera a The Doors? El Flaco, Pescado Rabioso. No, no se si podría. Calculo que si no me dieran opción me llevaría “El lado oscuro de la luna” o “The wall”. O sino me haría un compilado, viste. No se, algo de clásica también, Bach me tendría que llevar, ¿cómo no me voy a llevar Bach? Me vuela el marote Bach. O algo más denso, Wagner. No sé, es muy difícil.

Si te encontrás a un cantante que la rompe y te gusta de verdad, ¿lo meterías a cantar en Mar de Dirac?

No, no. Guitarrista sí, cantante no. Por más que reniegue, por más que sepa que tengo que mejorar, no metería un cantante ni loco.
Una opción que sí he pensado durante todos estos años es la de yo dejar la guitarra, pero estéticamente no me convence, aunque se que mejoraría mucho porque podría hacer algo que me da mucho miedo pero que me gusta mucho que es la parte actoral, la parte interpretativa, la parte de… si estás cantando la muerte te tiras al suelo, estás diciendo que estás llorando y llorás, la canción está eufórica y vos saltás, corrés, bailás…
Me imagino el show y lo veo como una necesidad. Qué bueno no tener esta atadura de la viola, que en un punto es una ayuda y en un punto es una atadura, y que bueno poder bailar, moverme, saltar, tirarme al suelo, levantarme, arrodillarme, ponerme en posición fetal. A mí como espectador me gustaría ver a un chabón que cante y que haga todo eso, me encantaría.
 
Ya que te metiste en el tema del show, ¿cómo es un recital de Mar de Dirac hoy en tu cabeza?
 
Muchísima ambientación. Pongamos un lugar hipotético de los que hay acá, ponele La Casona. Cuando vos entrás, tendría que estar ambientado ya. Poca luz que ilumine el camino para entrar solamente, y ahí generar la sensación de viaje. Entrás. Ahí se acabó la calle, Tres Arroyos, entraste a otro lugar. Cuadros, fotos, me encantaría, con poca iluminación, directo a los cuadros y a las fotos, nada más. Entrás al salón y te encontrás con todos almohadones en el suelo, algo muy cómodo. Algo en donde puedas tirarte, recostarte, sentarte, ponerte en posición de yoga, no sé, lo que más te guste. Poca luz, luz muy pensada, láser, un poquito de humo. Alguien manejando las luces, importantísimo, alguien manejando el sonido, importantísimo. Una pantalla en la que se proyecten imágenes. Una idea también es meter actores entre el público, caminando, y representando corporalmente lo transmitido con la música que se está tocando. Pero no arriba del escenario, sino entre el público. Y la conjunción de todo eso sería fantástico. Es lo que a mí me gustaría.


¡Qué flash hermoso tiene Marco! Con más gente como él en la movida musical local, Tres Arroyos sería un paraíso o directamente no habría música en vivo. Lo saco del vivo, de su sueño de show. Me interesa saber qué hace con su música, con toda esa PC llena de temas terminados y no.

Vos grabás y grabás y grabás…

Sí, tengo 18 mil cosas.

Con tanto material, ¿no te interesa grabar un disco?
 
Sí, me interesa muchísimo. El problema es que ha ido mutando tanto esto… En realidad es mi culpa, acá hago un mea culpa, me fui decepcionando tanto que le aflojé, le aflojé. Yo con el equipo que tengo ya podría tener todo cocinadísimo: podría tener todas las baterías, hasta el último golpe que yo quiero que suene lo podría tener hecho, el bajo, teclados, todo. Tengo los conocimientos, tengo los instrumentos, tengo todo. Pero me dejé estar, viste. Me agarraban épocas y le daba y le daba, y después veía que no tenía bajista que no tenía baterista, o sea que no podíamos tocar en vivo y decía: ¿para qué? A la mayoría de los temas que tengo en grabados le falta la voz, porque grabo y grabo y llega la hora de meterle las voces y… ¿para qué?
Ahora comencé de nuevo, pero me estoy manejando de otra manera, por necesidad, digamos. Por ejemplo, Morgan desgraciadamente yo se que no va a tocar, me encantaría, pero se fue a vivir a La Plata y se que no voy a poder contar con él en el proyecto. A ver, ahora logré armar lo que tanto busqué, una parte (la base – la doble D), pero se fue el guitarrista (Simón), que es mi mano derecha, y Morgan, que es mi otra mano derecha también (los dos se fueron a La Plata) y me quedó la base, que es fundamental también, y yo. Pero al mismo tiempo no tengo la disponibilidad con los Diegos como yo tenía con Simón y Morgan. Yo a ellos les decía: nos juntamos 2 días a la semana de las 7 de la mañana a las 12 de la noche, y nos juntábamos, no había problema. Pero los chicos tocan con Malas Capas, ensayan, están grabando el disco, y bueno, yo me tengo que acomodar a ellos y los tiempos de dedicación al proyecto son otros. Yo se que tienen la mejor intención, y yo ya lo sabía a esto e igual los elegí para que se unan al proyecto. Yo lo sabía, acepto esas reglas, que le voy a hacer, pero también te duele. Decís qué garrón, no puedo ensayar. Bueno, entonces por ahora estoy grabando algo interno para la banda por necesidad. ¿Qué hago? Grabo las ideas y se las mando a Simón a La Plata por email. Al otro día Simón me lo reenvía con sus ideas agregadas, yo lo escucho, esta idea me gusta, esta no, le pongo más cosas, y se lo vuelvo a enviar. Y así estoy trabajando ahora.

Marco me muestra una lista de temas para tocar en vivo, y aún no tiene ni fecha de show ni siquiera de ensayo de la banda completa a la vista. Me cuenta sobre cada tema. Estos están para laburar, me dice. ¿Lo logrará? Espero que sí, una banda como esta le vendría muy bien a Tres Arroyos.

¿De dónde salió el nombre Mar de Dirac?

Lo escuche viendo Evangelion, serie que en su momento me quemó mucho la cabeza. Era la época en la que con Morgan nos quedábamos desde las 9 de la noche a las 6 de la mañana encerrados acá viendo películas, David Lynch, Anime, Alfred Hitchcock, no se, lo más volado que podíamos encontrar, más que nada del palo de David Lynch como "Carretera Perdida" o "Cabeza de Borrador", y en un momento pinto la serie esta. Morgan la consiguió en Bunker, y la empezamos a ver, y nos limamos. Bajamos unos libros de internet para entender toda la mitología, los términos y esas cuestiones, y veíamos 4 o 5 dvds por noche. Cuando vos tenés ese ritmo, tu cabeza no para de pensar en eso. Yo llegué a flashear mal. Llegué a pensar que la realidad no era realidad, que la realidad era eso, y me asusté mucho. Me meto mucho con las cosas, y a veces… patina (risas). Y me acuerdo de estar viendo ese capítulo y cuando aparece Mar de Dirac puse pausa y dije: Wow, Mar de Dirac. Yo justo estaba buscando nombre para la banda porque se mantenía Ánima porque no tocábamos en vivo, pero ya se había ido Seba (Sebastián Ramirez), y Ánima (el antecesor de Mar de Dirac) ya había muerto. Seguía el proyecto pero era otra veta. Ahora voy a poder hacer lo que quiero, voy a poder evolucionar, me dije. Y sonó Mar de Dirac. La mayoría de las letras tienen referencias o nombran al océano, al mar, el sonido del mar, era como algo muy presente.
Como definen a Mar de Dirac en el propio Anime ya me había encantado más allá de que no sea exacto. Después entré a una página de internet de filosofía que tomaban a Mar de Dirac como “un sinfín de pares que aparecen y desaparecen de forma casi instantánea. Encuentro y desencuentro eterno pero finito”. Yo tomaba más esta definición como una metáfora, encuentro y desencuentro de una necesidad mutua pero que la misma necesidad nos autodestruye, de ese vacío que no esta vacío, de esa eternidad ínfima o esa ínfima eternidad. O sea, todo lo que sean polos opuestos, contradicciones, paradojas me generan una aficción muy grande que me llenan mucho. Esa cosa eterna pero al mismo tiempo ínfima microscópica que no existe básicamente, pero ahí está la eternidad digamos, ¿no? Y bueno, todo eso me fue gustando más y más.
Después me metí más en la parte de física cuántica y justo en ese momento estaba leyendo “La historia del tiempo” de Stephen Hawking, que tiene una cabeza grande como Tres Arroyos, que lo nombra y habla sobre eso y que me estaba volando la cabeza ese libro. Eso fue otra cosa que me enfermó. Lo leí dos veces seguidas, termine de leerlo y lo empecé otra vez a leer y justo encontré eso de las teorías de física cuántica y me voló la tapa de los sesos: lo adelantado que están a lo comprobable con la tecnología y en el estado evolutivo que estamos lo adelantado teóricamente es impresionante. Y empecé a leer y a leer y dije: loco, es éste. Ya está. Pasé por muchísimos nombres para el proyecto, pero Mar de Dirac es la metáfora de la música que hago. Es perfecto.
 
Marco sigue, infinito, hablando y soñando. Espero que lo logre. Si pone en práctica todo eso que tiene en su cabeza hará historia. O no, en esta puta ciudad nunca se sabe.

Todas las fotos por Ceferino Pardo

miércoles, 26 de mayo de 2010

FABRICIO DOLADÉ

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Por Ceferino Pardo

Fabricio Doladé es, antes que nada, músico. Orensano de nacimiento, gran hacedor de asados e inseparable del mate, en el ambiente del rock se lo conoce como el manager de Malas Capas (el 5to integrante que no sube al escenario), y también es reconocido por los músicos locales como un respetado sonidista y técnico de grabación. Obsesivo y lleno de inquietudes, hoy, después de una búsqueda natural de años, concretó el sueño de tener su propio estudio de grabación de primer nivel. Yo lo conocí a principios de los ´90, cuando hacía poco que había llegado a Tres Arroyos (como si recién se hubiese bajado del “pingo”), y a pesar de que han pasado los años, su esencia sigue siendo la misma. Hombre de campo, sencillo y trabajador, Fabricio sabe muy bien de dónde viene y también sabe muy bien hacia dónde va.


Sabía que estabas armando algo groso y de última generación, pero no me imaginé, o si, que iba a quedar tan bien, pero igual estoy sorprendido. Veo que pensaste en todos los detalles, y sobre todo te veo feliz, como qué lograste el objetivo. Contame qué es este lugar mágico.

Esto es un estudio de grabación analógico digital de altísimas prestaciones. Te permite grabar en situación de estudio y también grabar en directo mientras estás haciendo el sonido en vivo, por ejemplo, y todo esto en 24 señales simultáneas de muy alta calidad. Si la toma se hizo en vivo, después en el estudio a ese material se le puede hacer las correcciones necesarias, señal por señal, y la mezcla, consiguiendo un resultado increíble.
El estudio fue pensado para hacer cosas de forma profesional pero de una manera tranquila, sin presiones y que cada músico que venga a grabar pueda hacerlo sabiendo que va a tener, tanto en el nivel humano como en el nivel tecnológico, un estudio de última generación que está preparado para jugar, porque en definitiva esto es un juego.

Muy claro e interesante, pero quiero ir más allá de lo técnico, porque a mí también me interesa saber qué significa este estudio para vos, en lo sentimental por decirlo de alguna manera.

Para mí es el sueño del pibe, porque como músico uno siempre tiene ganas de que su música quede registrada de alguna forma y eso en el audio la única forma es grabándolo. Antes lo hacía con un grabador común tipo de periodista, y hoy, después de haber andado 7 años descubriendo cosas, logré llegar a este nivel de equipamiento y tenerlo en mi casa, y eso es genial. Mi lugar especial, que es este estudio, lo tengo en mi casa.

¿Imaginás que el estudio Multiespacio será lo que fue el estudio de grabación de Osvaldo “bolita” Cirulli en los ´90 en cuanto a lugar de grabación obligado para los músicos de Tres Arroyos?

Ojalá. A mí lo que me gustaría, y se trabajó para eso, es que la persona que tenga la posibilidad o las ganas de grabar esté con un nivel de comodidad que sea único y que pueda registrar su trabajo con la última tecnología.

¿Desde dónde surge la necesidad de crear un estudio de grabación?

Surge un poco jugando, en realidad. Porque como vos ya sabés yo soy músico desde hace muchos años, primero “de oído” y después ya con una formación académica. Una vez andando por Buenos Aires pasé por un local de música donde había una suerte de aviso o afiche, que no era nada llamativo, que decía: “Si tenés un grupo de música y tenés una PC podés hacerlo”. Ese fue el germen, digamos, porque yo tenía un grupo de música y tenia una PC (totalmente casera, con una placa de audio estándar). La idea era grabar un ensayo, ya que hasta ahí lo hacíamos con un grabador de periodista. Entonces entré a averiguar y da la casualidad que me encuentro con uno de los flacos que trabajaba ahí que era muy macanudo, y que es el día de hoy que sigo teniendo relación con él, que me explicó lo básico de cómo debía hacer para grabar un ensayo. Eso me llevó, más tarde, a tomar clases con otro flaco de allá que termino siendo uno de los músicos de Javier Calamaro.

Entonces, cuando te encontraste con ese nuevo universo tecnológico, imagino que habrás pensado que eso era lo tuyo.

No tanto. Lo que yo buscaba ahí era jugar. Nada más. Comenzó como un juego. Lo que yo en realidad buscaba era generar un registro de nuestros ensayos, simplemente eso. Pero en la segunda clase dije (hace una pausa y reflexiona) Epa, pará. No sos tonto, ya te das cuenta que esto no es grabar así nomás.
A partir de ahí, y esto tiene que ver con mi personalidad de constante búsqueda, comienzo como una suerte de camino que me llevó a ir descubriendo cosas nuevas a medida que iba andando: Desde el equipamiento hasta trucos de mezcla. Conectarme con uno, con otro, hasta que te vas armando de a poco. Yo por ejemplo, cambié 3 o 4 veces de placa hasta llegar hoy a tener esta tremenda placa de audio de 24 canales que no la conseguís en cualquier casa de electrodomésticos.
Como uno ama la música como forma de vida, todo esto es como un color dentro de la paleta musical y no debe faltar ese conocimiento. ¿Por qué? Porque lo genial ahora para mí es estar sentado de este lado, grabando, sabiendo qué es lo que están necesitando los flacos que están del otro lado, hasta llegado el momento de mezclar poder aconsejarlos. Y aportar esos conocimientos para contribuir al hecho artístico musical, no tiene precio.


¿Vos tenés un maestro o un referente como de técnico de grabación? ¿O fuiste también autodidacta como en la música?

Si, fui bastante autodidacta, porque las clases que yo he tomada básicamente han tenido que ver con cuestiones de software, o cuestiones de mezcla…

Interrumpo. Claro, ¿pero no tuviste un maestro?

No, no. No puedo decir que sea así. Yo he aprendido varias cosas de varios, y hay cosas que no me convencen de unos y otras que sí, que son geniales. Y vas tomando lo mejor de cada uno. Inclusive me he devorado infinidad de libros y revistas sobre grabación y mezcla.

No me había dejado conforme su respuesta. Yo quería nombres. ¿Qué artista no tiene referentes o maestros? No podía ser, así que insistí.

Ya que no tenés un maestro, entonces ¿cuál es el técnico de grabación que tenés como referente?

Yo te voy a contar algo. Hoy por hoy hay muchísima cantidad de técnicos e ingenieros de sonido laburando, y muchísima cantidad de tecnología dando vueltas con la cual se puede hacer prácticamente todo lo imaginable. Pero hay un referente a tener en cuenta, que todo aquel que está en esto no debe dejar de escuchar. Que es el 5to Beatle…

Silencio total de examen, en espera de mi respuesta, seguramente poniéndome a prueba. Por fin se me cae ese nombre que tanto significa para el universo musical.

George Martin.

Exacto. Ese es el que delineó las mezclas de los discos como un arte. El hizo locuras, cosas que vos hoy decís “uy dios, ¿cómo se animó?” Y estamos hablando de muchos años atrás, eh. El fue un adelantado mal. Con la tecnología que tenía, hacía cosas que hoy se intentan emular con la ultra tecnología que hay. Y el tipo hacía eso hace casi 50 años.

Se me cruza por la cabeza qué tan grandes hubiesen sido The Bealtes sin George Martin; igual de grandes, igual de genios. Fabricio sigue, como si mi pensamiento no hubiese durado más de un segundo.

Si hoy le decís al 80% de los tipos que están atrás de una consola, bueno vamos a mezclar una batería. ¿Cómo hacemos? Te dicen: “bombo y tambor en el centro estéreo”, porque es como una regla digamos. Y George Martin se dio el gusto de meter toda una batería en un canal. ¿Y quedó mal? No, quedó tremendo. Pero el tema es que el tipo logro balancear…

Como en fotografía cuando conseguís el equilibrio en una foto.

Exacto, y vos decís, ¡qué loco hacer eso! Pero quedó tremendo. Y ese es uno de los tantos ejemplos de George Martin mezclando con Los Beatles. Este tipo de productores/técnicos de grabación no sólo conocen de música o de instrumental, no. Estos tienen una cabeza con demasiado vuelo, te diría. Tienen conocimientos tanto de literatura como de pintura. Digamos, a nivel cultural, tienen un panorama artístico muy amplio, entonces, por ejemplo, capaz que al momento de producir un disco se les va a venir buscar recrear con sonidos cuestiones que van a tener algo que ver con lo pictórico. Y eso tiene que ver con los planos. Te pongo un ejemplo grotesco: un cuadro con 3 plantas, la primera está muy cerca, la segunda más lejos y la 3ra lejísimo. Bueno, llevar esa imagen a lo sonoro.
No son tipos que leyeron solamente “Condorito”, a eso me refiero. Son tipos con demasiada información en la cabeza y con un flash también importante, y artísticamente tienen un vuelo que no tiene el habitante medio.

Hablando de George, ¿contame sobre la función del productor artístico de un disco? Porque vos también cumplís con ese doble papel de técnico de grabación y de productor, ¿no?

Si el artista me lo permite, sí. Sino sólo me dedico a la parte de grabación y mezcla. El tema del productor artístico es, te diría, casi más importante que la del técnico de grabación. El tipo que hace las veces de productor artístico tiene que tener un conocimiento técnico del sonido, del equipamiento, tiene que respetar al grupo, fundamental esto porque sino el resultado final se transforma en otra cosa, y tiene que conocer qué grupo tiene enfrente y qué es lo que ese grupo busca. Lo que un productor debe lograr es resaltar las cosas buenas del grupo y tratar de disimular las cosas que no son tan buenas, siempre manteniendo la identidad del grupo por sobre todas las cosas.

Vos que estás atrás de una consola hoy, y teniendo en cuenta tu esencia de músico, ¿te sentís más cómodo haciendo sonido en vivo o grabando en tu estudio?

Disfruto más en el estudio porque tengo otro nivel de control. Igualmente el vivo tiene su cuestión porque la adrenalina es mucho mayor, ahí es toma directa y no hay lugar a los errores y vos tenés que estar muy atento a todo. Atento a lo que la gente tiene que escuchar, atento a los músicos arriba del escenario, tanto en el monitoreo como en lo que fuere. La adrenalina en realidad es distinta. Pero de todas maneras hoy me siento más cómodo acá, en el estudio.

Como para no sentirse cómodo en este estudio, si es como un parque de diversiones. Tengo que venir a sacar fotos mientras esté grabando a alguien, no importa si es una banda de rock o un grupo de folclore, pienso y se lo digo, y me dice que sí, que ya me va a avisar. Dije folclore, y el primer Fabricio que conocí era folclore puro.

Yo conozco tus raíces musicales, y se que vienen del folclore…

Netamente

¿Cómo fue que una persona del folclore se acercó al rock?

Tiene que ver con una cuestión de maduración y conocimiento musical, de estudio y de intentar tener la mente abierta a diferentes estéticas. Esto no se dio de un día para el otro. Yo tengo la misma pasión por el rock que por la música clásica o que por la música celta, me da exactamente lo mismo. El hecho de acercarme a la estética rock tiene que ver con estar atravesado por generaciones que me han hecho disfrutar de ese estilo de música, y que te puede gustar más o menos pero no podés desconocerlo. A mí no me gusta definir a la música como mala o buena, porque viste que por ahí hay gente que dice: “¡pero si la cumbia es una basura!” No, pará. Porque si la cumbia sirve para que alguien esté contento por un rato bailando (y capaz que esa música es mala de acuerdo a ciertos cánones musicales), entonces es buena para el tipo ese porque a él le gusta.

Si, pero hay cumbias malas y hay cumbias buenas.

Y hay cumbias geniales.

Claro, pero también hay cumbias que son horribles, así como hay rock bueno y rock malo.

Exacto. Pero yo voy a esto: y de esto se trata cuando se habla de romper estructuras. ¿En qué te basás para decir que una música es buena o mala? Para mí la música en un sentido formal, de estructura, de armonía, de rítmica, puede ser considerada más compleja que, menos compleja que, o demasiado básica. Pero esos parámetros no indican que la música sea mala o excelente porque todo va a depender de quien la escuche. Capaz que para mí es una mierda, pero otro va a decir: “¿Este está loco? Si para mí esto es genial”. Y entonces, ¿cuál de los 2 está errado?

Es como afirmar que lo complejo siempre es bueno y lo simple siempre es malo… y no, no es así.

Y no, lo que pasa es que hay que ver qué nivel de síntesis se logra haciendo cosas simples o que nivel de hondura. Por eso hay que tener cuidado porque nadie es dueño de la verdad. Uno como músico debe ser abierto a todos los tipos de estéticas musicales que existen. Debe, ¿si? Porque si no lo hace, estamos complicados.

Fabricio tiene un estilo muy particular de tocar la guitarra, no usa púa, tal vez porque no sepa usarla o porque sus raíces folclóricas lo formaron así. ¿Y por qué no tocás más? Sería lindo verte en algún grupo, no se, de folclore o de rock, pero verte nuevamente. Aparte cantás muy bien, y yo he sido testigo en varias oportunidades. En fin, esto queda solo en mis pensamientos ya que no le digo nada de esto, que es más un deseo que una pregunta.

¿Sentís que el Fabricio técnico de grabación se comió al Fabricio músico? Te pregunto esto porque no te veo arriba de un escenario. ¿No te surge la necesidad de volver a las pistas?

A veces sí. Pero ahora toco de otra forma.

¿Haciendo tocar a los otros?

Si, exacto. Es otra forma de hacer música. No se si he evolucionado o involucionado. No se si el técnico se comió al músico o si el músico se está tomando un recreo, no te puedo confirmar eso porque no lo se.

En el estudio sólo hay mate y nuestras voces que van y vienen. No hay música de fondo que acompañe a la charla. ¿Acaso ya no le gusta más la música? Pero qué locuras pienso, si este tipo es un fanático del arte musical. .

¿Qué música estás escuchando últimamente?

He estado escuchando una banda que escucha bastante mi hermano, Radiohead. Porque hay mucha tecnología metida ahí y a su vez una musicalidad tremenda y he estado escuchando eso con bastante detenimiento. Igual me vas a ver escuchando eso o Mozart o cualquier otra cosa. Te voy a contar qué me pasa con la música hoy. Yo he escuchado infinidad de discos, pero no por arriba, sino con muchísimo detalle, en esta búsqueda de generar un sello propio (identidad musical propia), desde rock, pasando por música clásica, folclore, experimental, música de proyección de deferentes niveles, de diferentes países, no se, infinidad de cosas. De tanto escuchar, ahora estoy como en una búsqueda de aplicar todo eso en producciones, como buscando mi propia identidad musical para llevarlo a la practica a la ahora de grabar.

Grabar, palabra mágica que me lleva directamente a la banda de su hermano Silvestre. Banda a la que sigo con la cámara de fotos a donde pueda porque más allá del placer que me da la fotografía de músicos en vivo, disfruto de su música. ¡Y ahí vamos!

Ahora hablemos de Malas Capas.

Primero te voy a contar de cuando los escuchaba en los comienzos de la banda. Recuerdo que una vez en Claromecó, yo estaba de paseo, ni siquiera me interesaba ir a verlos, pero me los encontré tocando en el Centro Cívico. Cuando los escuché ese día me pasó algo con esa musicalidad tan particular que tenían, que yo no escucho en otras bandas locales, y que con los años descubrí qué era, y en una charla con mi hermano Silvestre yo se lo dije. Ellos tenían un sello tan propio, tan particular justamente porque el encargado de crear la música, que era él (aunque hoy sea más compartido con el Ruso), no tiene estudio musical académico, y eso hace que no tenga barreras que le impidan experimentar. Y eso les daba y les sigue dando ese sello tan particular a Malas Capas. Justamente lo que me llamó la atención de ellos, fue que sonaban raro, no mal, sino raro, distinto. Y eso fue lo que más me gustó y que me acercó a Malas Capas. Con el correr de los años me doy cuenta que esa particularidad parte de no tener limites a la hora de explorar armonías, básicamente, y después, una vez que me entró por el odio lo sonoro, fui a las letras y me di cuenta que eran tremendas. Hoy por hoy las letras de las canciones que van a formar parte del próximo disco, que ya están a punto de grabar, tienen un nivel impresionante. Desde cosas muy simples pero sintetizadas de forma genial a formas muy complejas en cuanto a la imagen que se intento buscar desde la letra.


Fabricio habla con pasión sanguínea cuando se refiere a Malas Capas. Las palabras salen de su boca con firmeza y seguridad, y es casi imposible pararlo. Igual, no es mi intención hacerlo, porque me interesa su visión sobre una de las bandas más importantes de Tres Arroyos. Y sigue.

Hoy Malas Capas es un grupo que suena muy particular, por lo que te estaba contando, y además ha recobrado, de alguna forma, el rock letrístico (por llamarlo de alguna manera) que es lo que se ha perdido. Olvidate que si Malas Capas no fuese un grupo que a mi me convenciera, no le daría la pelota que le doy. Así de simple. Más allá de eso, todos los chicos son de una calidad humana impresionante, me han enseñado un montón de cosas y yo creo que si ellos han aprendido algo de mí, yo aprendí el doble de ellos. Con este nuevo disco que estamos por grabar no me voy a meter con sus cuestiones estilísticas, ya que lo intente hacer en el primer disco y ahora creo voy a hacerlo en mucho menor medida porque han crecido mucho. Porque no quiero transformarles su música en otra cosa. Solamente resaltar lo bueno, como te decía hoy, y bueno, maquillar un poco lo que no convenza del todo.

O sea que vas a ser nuevamente el productor del nuevo disco de Malas Capas.

Si, en realidad la producción artística va a ser medio compartida con ellos esta vez. Pero va a ser un trabajo completamente distinto en cuanto a la grabación del disco en sí, donde vamos a tener otros tiempos y no va a ser tan estresante como la vez anterior que me hizo terminar en el psicólogo. (Risas mutuas. El hecho de que la música te lleve al psicólogo es para tratarlo, casualmente, con el psicólogo).

Se que estás muy comprometido con la banda, y cuánto disfrutas de estar con ellos. Y esto me hace pensar que ellos deben tener mucho que ver con el armado de este estudio. Digo, creo que en el fondo pensaste este estudio en base a ellos.

Si, yo siempre lo pensé. Yo cuando iba a grabar el primer laburo de ellos, Gaucho en Bolas, tuve un gran adelanto que fue acceder a una placa multipista de 8 canales. Y yo llego a esta placa porque Diego González quería que su batería fuese grabada con más de 5 canales, y yo me tomé el laburo, en ese momento, de buscar esa placa para ellos y que después a mí me dio infinidad de satisfacciones porque grabé a muchísimos grupos y solistas. Pero la compre pensando en ese pedido de Diego. Ahora, viendo ese laburo, yo dije, bueno, ¿qué cosa tiene Malas Capas más allá de esa particularidad de sonido? ¿Qué otro fuerte tiene? El vivo, la polenta que tienen en vivo. Entonces me pregunté cómo iba a hacer yo para trasladar el vivo al estudio, para que ese espíritu musical no se pierda en el camino de los cables. Y la única forma era amar algo nuevo, que terminó siendo este estudio de grabación, para poder grabarlos en estudio pero tocando todos juntos, como si fuese en vivo. En definitiva siempre que yo he intentado subir escalones en el ámbito del estudio de grabación, esa mejora siempre estuvo pensada en Malas Capas.


Después de habernos tomado una pava de mates pedí un recreo para ir a fumar un pucho fuera del estudio. Fabricio fue a “sus papeles” y me trajo el volante que lo había llevado al mundo de la grabación. ¿Cómo pudo haberle llamado la atención tan poco llamativo aviso? Me contó la historia off the record y ahí quedará. Iba a dar por terminada la charla cuando se me ocurrió aprovechar a Fabricio y su experiencia en la movida cultural local para tratar algunos temas de Tres Arroyos que me llaman la atención.

¿Cuál es tu reflexión sobre el público de rock tresarroyense, y los músicos cuando se bajan del escenario y pasan a ser público?

Está complicado. Tres Arroyos, no solamente en el ambiente del rock sino en toda cuestión cultural es un público bastante especial. Un público frío, bastante tonto, bastante ignorante. ¿Por qué? Porque se toma como algo válido sólo lo que viene de afuera, y no siempre es así. Si vos tenés un artista, de la rama cultural que fuera, a la vuelta de tu casa y pasa todos los días en bicicleta, entonces no es bueno. Esa es la idea lamentablemente que hay acá. Además me parece que el público (y los artistas) de Tres Arroyos pide y exige cosas que después no van a usar o no van a apoyar. Y esto me lleva a pensar en una charla que tuve con gente de esta nueva movida cultural, digamos la contracultura tresarroyense, donde cruzamos bastantes puntos de vista, pero que ante una afirmación mía nadie puedo decirme nada: “Ustedes que son los mismos que reclaman que no hay espacios culturales, son los mismos que después no van a los espectáculos culturales locales, no apoyan”. Y esto es así porque yo lo veo constantemente.

¿Por qué a la mayoría de las bandas, no a todas, les da lo mismo una buena puesta en escena o no, un buen sonido o no, unas buenas luces o no? Digamos que es como que no les interesa para nada brindar un buen espectáculo, sólo les interesa tocar sin importar cómo.

Es que se comen el flash del rock. Es como que siempre trasladan el garage al escenario. Y no, ya saliste del garage y en ese otro ambiente tenés que ser grande como puedas. Brindar un show de verdad, toques donde toques. Pero claro, hay que ver que busca cada grupo, porque hay bandas que lo único que intentan conseguir con el rock son minitas, ser populares dentro de su entorno, o que les den una cerveza gratis cuando van a tocar a un bar. Y bueno, a estos en un año o dos los vas a ver alejados, sin ningún lugar a dudas, de la música. Sin embargo hay otras bandas o músicos que persiguen una cuestión artística detrás de lo musical.


Dirección de Cultura en Tres Arroyos. La Dirección de Incultura, como le digo yo, ¿cómo lo ves a ese tema?

Mirá, yo te voy a dar mis dos puntos de vista. Por un lado toda la gente que está en el área de Cultura de la Municipalidad, directivos me refiero, no empleados, no tienen ni idea. No solamente no tienen idea de cultura, sino que no tienen idea para organizar nada, y lo peor de todo es que no tienen inquietudes culturales. ¿Me entendés? No tienen inquietudes culturales, ¡estamos al horno! No solamente eso, sino que cuando por ahí, en un acto de demasiado arrojo combinan y sale algo, y ahora viene mi otro punto de vista, están bastante atados de pies y manos por una cuestión económica, y no pueden hacer ciertas cosas porque no les dan presupuesto. Y están tan limitados porque la torta se corta en otro lado, y ahí entra el tema de los multimedios en Tres Arroyos.

En mi cabeza comienzan a redoblar los tambores de la impotencia. Lo viví en la Fiesta del Trigo, lo vivo en el manejo de la información, lo vivo (y lo vivimos aunque por ahí muchos no se quieren dar cuenta) todos los días en la voz de una radio.

Siguiendo con temas que me generan más tristezas que alegrías, hablemos del Teatro Municipal, no municipal, manejado por un puñado de señoras con olor a naftalina.

Otro grupo de inoperantes. Como algunos bandas se comen el flash del rock, este grupo se come el flash de pertenecer a una elite cultural, “elite cultural”. En tanto y en cuanto este grupo administrador siga funcionando olvidate del teatro. No se muy bien que fin persigue esta comisión ya que no creo que sea el económico, tiene que ver más con una cuestión de poder y de capricho. A ver, yo tengo un teatro, y es mío, y le abro las puertas a quien yo quiero y le cobro lo que yo quiero.

Lo miro perplejo porque se que es así. No puedo decir palabra alguna y dejo que siga hablando.

Cuando se hizo el festival OYE ESTA VOZ a finales del 2009, se hizo un convenio entre la Municipalidad a través de la Dirección de Cultura y La Asamblea por una Cultura Democrática con la Comisión del Teatro, para que artistas locales tengan acceso al teatro con un costo de apertura de $350 contra los $800 o $900 que están cobrando a los espectáculos que vienen de afuera. Solo de apertura eh, porque a eso después hay que agregarle los otros costos para montar un espectáculo. Bueno, este convenio, que fue genial y que fue publicado y aplaudido por todos, duró sólo esa fecha. Sólo se cumplió el convenio para el festival OYE ESTA VOZ, porque Daniela Christensen acaba de presentar el disco y le cobraron $800 pesos para abrirle las puertas del Teatro Municipal.

¡Estamos al horno! ¿A dónde está la libertad?, cantaba Pappo y yo me pregunto qué será de nosotros, los que venimos empujando desde abajo con algunas inquietudes pero que no nos dejan salir de la gatera. ¿A dónde está la libertad? Fabricio sigue, ahora casi revolucionario.

Pero no es imposible cambiar este rumbo, pero no por el lado contractual ya que hay un contrato hecho de manera perfecta a favor de la comisión administradora como para que no pueda ser revocado de ninguna manera. Pero sí se puede ir por otro lado. A ver, hagamos un boicot económico y no vayamos a ver a los espectáculos que vienen de afuera. Y yo no digo con esto hagámosle un boicot a los productores locales que traen los espectáculos, sino hagámoselo al teatro en sí. Que no vaya nadie, y vamos a ver que pasa.

Sus palabras quedan dando vueltas en mi cabeza. ¡Qué injusticia! ¡Cuánta impotencia! Pero no es imposible cambiar el rumbo de las cosas, nada es imposible. Ni siquiera la existencia de este blog con entrevistas como esta.

Todas las fotos por Ceferino Pardo

 
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